Curso Intensivo de Japonés

Acabo de recibir el siguiente e-mail del gran Paco Barberán.

Aprovechad que es lo mejor que hay en Zaragoza (y yo diría que en España) para aprender Japonés!

Hola

¿Cómo va todo?

Te escribo para informarte de que este verano voy a impartir un curso intensivo (intensivísimo, diría yo) de iniciación al japonés en el Instituto de Idiomas de la Universidad de Zaragoza. Son un total de 60 horas lectivas comprimidas en 20 sesiones de 3 horas cada una. La finalidad, obviamente, es conseguir que al alumno le estallen las neuronas y constate con estupor que estudiar japonés a este ritmo, además de resultar “molto facile e divertente”, puede generar también graves trastornos de la personalidad.

Bromas al margen, la información completa sobre el curso está en el link que te dejo aquí abajo con el ruego de que le des al contenido de este e-mail la mayor difusión posible: http://www.unizar.es/idiomas/cur_japones_za.html

Un fuerte abrazo.

Francisco Barberán
www.nichiza.com

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Shakkan-Ho Conversions to Metric and Imperial Systems

function shakkanhoToMetric(theForm) {if (theForm.shaku.value == “”) {theForm.shaku.value=”0″} if (theForm.sun.value == “”) {theForm.sun.value=”0″} if (theForm.bu.value == “”) {theForm.bu.value=”0″} theForm.cm.value = parseFloat(theForm.shaku.value)*30.3022+ parseFloat(theForm.sun.value)*3.03022+ parseFloat(theForm.bu.value)*0.303022}function cmtoshaku(theForm) {if (theForm.cm.value == “”) {theForm.cm.value=”0″}shaku=parseFloat(theForm.cm.value)/30.3022;shaku=shaku-(shaku%1);sun= (parseFloat(theForm.cm.value)-shaku*30.3022)/3.03022;sun=sun-(sun%1);bu= (parseFloat(theForm.cm.value)-shaku*30.3022-sun*3.03022)/0.303022;theForm.shaku.value= shaku;theForm.sun.value= sun;theForm.bu.value= bu;}function metricToImperial(theForm){if (theForm.cm.value == “”) {theForm.cm.value=”0″}theForm.inch.value = parseFloat(theForm.cm.value)/2.54}function imperialToMetric(theForm){if (theForm.inch.value == “”) {theForm.cm.value=”0″}theForm.cm.value = parseFloat(theForm.inch.value)*2.54}function convertMetric(theForm){cmtoshaku(theForm);metricToImperial(theForm)}function convertShakkanho(theForm){shakkanhoToMetric(theForm);metricToImperial(theForm)}function convertImperial(theForm){imperialToMetric(theForm);cmtoshaku(theForm)}

A useful utility to convert between old Japanese units (Shakkan-Ho) and the good old Metric and Imperial Systems.

Shakkan-Ho   Metric System   Imperial System
shaku (尺)
sun (寸)
bu (分)
  cm   inch
   

One shaku (尺) is approximately 30cm. One sun (寸) is about 3cm, while one bu (分) equals 3mm. As a curiosity, one ken is equivalent to 6 shaku (180cm), approximately the height of a man.

Even when Shakkan-Ho is the old system, it’s still used in Japanese martial arts for measuring the length of weapons, as well as for clothing (in which case a bu corresponds to 3.79mm) and footwear (when it corresponds to 2.4mm.) In any case, one shaku always equals to ten sun; and one sun contains always ten bu.

Thanks to Leonard from www.network54.com forums and to Kampai Budokai for the good information and the JavaScript code.

Libros Gratis Web

Navegando por la red he encontrado www.librosgratisweb.com, una web que, como su propio nombre indica, permite descargar un buen volumen de libros en español en formato pdf. Desde Julio Cortazar hasta Isaac Asimov. Desde San Agustín hasta H.P. Lovecraft. Desde “Conan el Aventurero” hasta “Macbeth”. Desde “Los hermanos Karamazov” hasta “Así habló Zaratustra”

Si no he contado mal, son 3586 libros de 979 autores a día de hoy, lo cual no es moco de pavo. Cada vez hay menos excusas para no leer.

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Todos Contra el Canon

La SGAE (Sociedad General de Autores y Escritores) y compañeros (entre ellos Ramoncín, Ana Belen, Fernando Arbex y todo el resto de la patulea de vividores…), van a hacer rentable convertirse en creador de canciones en España. Y a los datos nos remitimos. El nuevo canon que se nos prepara es abusivo e injusto, y aquí van unos ejemplos:

  • ordenador con 160gb de disco duro (22 EUR de canon)
  • regrabadora de dvd’s de ordenador (16,67 EUR de canon)
  • impresora multifunción (10 EUR de canon)
  • cámara de fotos con memoria para 200 fotos (9 EUR canon)
  • reproductor de dvd de salón (6,61 EUR de canon)
  • Equipo de música de salón (0,60 EUR canon)
  • línea adsl 1 MB (35 EUR canon anuales)
  • 200 cd’s vírgenes para grabar diversos datos (50 EUR de canon)
  • 100 dvd’s vírgenes para grabar diversos datos (140 EUR de canon)

En definitiva, que cualquier familia española con un ordenador pagará unos 303 EUR de canon al año. Antes no se sabía que era lo del canon, pero ahora nos vamos a enterar de sobra. Señores esto no es para paliar la piratería sino para hacerse ricos por la patilla y sin darle un palo al agua. Que expliquen que van a hacer con este dinero.

Firma si no quieres pagar esta burrada. La ley esta debatiéndose en el
congreso y pronto vera la luz si no hacemos nada al respecto.

TU FIRMA SÍ ES IMPORTANTE: http://www.todoscontraelcanon.es/

¿Quieres que estos ladrones ganen dinero, TU DINERO, por grabarte, TUS datos, TUS fotos, TUS videos de vacaciones, TUS presentaciones,…. en un CD, DVD y hasta en el disco duro del ordenador? ¿O por ver en TU propia casa TUS propios videos o fotos? ¿O por el simple hecho de que quieras sacar fotografías? Tú también eres un autor. El de tus propios contenidos (tus fotos, tus videos,tus archivos de datos,…) y encima tienes que pagar.

SI QUIEREN DINERO, QUE TRABAJEN, COMO TODO EL MUNDO.

Necesitamos 500.000 firmas y ya llevamos mas de 200.000. Copia y pega este mensaje en un correo nuevo. Debemos facilitar el fin de este mensaje. Gracias.

La Universidad

Este texto lo he encontrado en mi bandeja de entrada esta mañana. Está escrito por Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

La Universidad
Julián Casanova, 29/01/2007

Hace ya unos años, en los ochenta del siglo pasado, The Wall Street Journal informaba sobre una singular encuesta, de esas que tanto gustan a los norteamericanos. Imagine, preguntaban al ciudadano, que el presidente Ronald Reagan recibe varias llamadas de teléfono a la vez: del editor del Washington Post, del director general de IBM, del jefe del Episcopado y del presidente de la Universidad de Harvard. ¿Con quién de ellos hablaría primero? El 41% respondió que con el editor del Washington Post. Después, con el director general de IBM. El presidente de Harvard quedó en último lugar.

Si eso pasó en Estados Unidos, el país que tiene algunas de las universidades más prestigiosas del mundo, entre ellas la de Harvard, podemos suponer cuál sería el resultado en España. Entre nosotros, la universidad no es, efectivamente, una de las glorias nacionales, ni tampoco es un tema que levante pasiones entre los ciudadanos o estimule el orgullo. Pero no carece de importancia. Un millón y medio de jóvenes estudian en 47 universidades, con 213 campus, donde se imparten 140 carreras y se ofrecen 2.200 titulaciones. Un complejo panorama sobre el que resulta muy difícil generalizar y opinar con conocimiento profundo. Salen a la luz ahora algunos de sus problemas estructurales, de “crecimiento desordenado y sin coordinación”. No se discute mucho, sin embargo, de la enseñanza y la investigación, las dos funciones básicas y complementarias de la universidad.

Las universidades españolas no necesitan competir para conseguir los mejores profesores o estudiantes. La mayoría de los profesores somos funcionarios con puesto vitalicio. Eso da mucha seguridad e independencia frente a jefes y gobernantes -“libertad académica”, solemos decir-, pero sabemos también que conduce al anquilosamiento y a la falta de incentivos. Se suele llegar a funcionario, además, en la ciudad propia, con los amigos bien cerca, ante los que nunca hay nada que demostrar.

Los estudiantes y el sistema educativo tampoco nos exigen mucho. Para una buena parte de los estudiantes, la universidad es una continuación del Bachillerato: hacen decenas de exámenes, con varias convocatorias para aprobar una asignatura, raramente intervienen en seminarios o debates orientados por profesores y pueden acabar la carrera sin haber escrito un trabajo académico. Sus representantes, elegidos por una exigua minoría, participan en los órganos de gobierno y están muy involucrados en las elecciones a decanos o rectores, pero apenas muestran interés en opinar sobre el currículo, o exigir a los profesores una mejor enseñanza, lo que a menudo significaría más trabajo y menos dependencia de los apuntes tomados en clase.

Un estudiante que obtiene una licenciatura debería ser capaz de pensar con claridad y escribir con precisión. Debería tener una apreciación crítica de cómo obtener los métodos del conocimiento científico, sea para comprender el universo, la sociedad o las personas que nos rodean. No debería ignorar otras culturas y otras lenguas, uno de los grandes retos de los universitarios españoles para competir fuera de nuestras fronteras. Y debería adquirir especialización o formación profesional en algún campo de conocimiento.

Para eso sirve la universidad, para formar ciudadanos y no sólo para repartir títulos. Educar y formar intelectuales, sin embargo, resulta muy difícil en España, donde se puede obtener una licenciatura sin necesidad de asistir a clase, entre otras cosas porque la asistencia y, sobre todo, la participación no suelen contar en la calificación final.

Ahora recogemos también los frutos de una idea asombrosa y peregrina, defendida con ahínco por los alcaldes y políticos locales en las últimas décadas: cada capital de provincia debía tener su universidad, con campus, si era menester, en otros pueblos de la región. Lo de menos era saber si podía haber en esos lugares buenos profesores, buenas bibliotecas y laboratorios y estudiantes en el futuro. La mirada era siempre a corto plazo, para obtener beneficios políticos inmediatos, con un desconocimiento absoluto de lo que significaba organizar una universidad. Así las cosas, el panorama actual exige aplicar el bisturí, tomar medidas impopulares, algo que va a resultar muy difícil con las autoridades académicas elegidas por todos, y, posiblemente, cerrar centros. Sin alumnos, sin financiación y sin buenos servicios, la universidad no funciona. Es una caricatura.

Es el momento también de cambiar otras cosas. La competencia, rivalizar por los mejores profesores o estudiantes, debería establecerse como norma cotidiana; y subir el escalafón no debería ser sólo cuestión de tiempo, al margen de los méritos acumulados. Los profesores y los trabajadores de la administración y servicios necesitan más incentivos y mejores condiciones de trabajo. Y a los estudiantes hay que proporcionarles buenas bibliotecas y laboratorios y exigirles mucho más que la reproducción de los conocimientos adquiridos en clase. Los buenos profesores atraen y forman buenos estudiantes y habrá que comenzar a diferenciar entre buenos, mejores y menos buenos.

La universidad es de todos, pero algunos deberían tener mucha más responsabilidad y poder que otros. Debe estar gobernada por los que tienen experiencia y han demostrado excelencia en la docencia y en la investigación. Es normal que los gobiernos autonómicos y el del Estado quieran entrar de lleno en este debate, actúen, en suma, como si las universidades les pertenecieran: sin su apoyo económico, las universidades públicas no podrían funcionar. La continua interferencia política, sin embargo, dependiente de los resultados electorales, con leyes, decretos y reformas de las reformas, nada bueno aporta a la calidad de la enseñanza y de la investigación.

La educación en las universidades no garantiza buenos puestos de trabajo, aunque una mejor formación intelectual y profesional debería llevarnos a un nivel más elevado de cultura cívica, ahora que seguimos construyendo y consolidando la democracia. Y de la universidad tienen que salir también ideas y alternativas. Se trata, en suma, de estrechar las diferencias entre la universidad ideal y la real. Para eso están los debates, el compromiso de los profesionales y las políticas responsables. ¿Imaginan que una ciudad española alcanzara fama por tener la mejor universidad de Europa en vez del mejor equipo de fútbol?

Bule Gila

BULE GILA
Tales of a Dutch Barman in Jakarta
By Bartele Santema

bule gila (BU-leh GEE-lah) n Indonesian for “crazy foreigner”

In a secluded corner of a shopping and entertainment complex in Jakarta lies a bar called BuGils. BuGils, a contraction of bule and gila (in addition to being the Indonesian word for ‘naked’), has had the honor of hosting the most colorful collection of locals and foreigners Jakarta has ever seen. The manager of BuGils, Bartele Santema, has spent five years amongst these creatures and with a keen eye and sharp wit observed and documented their curious behavior.

The Colonel who upsets everyone. The Brit who buys used socks. The second-hand newspaper seller who is smelled before he is seen. The cook who moonlights as a mystic. The Dutchman who gets new teeth. All of these – and more – make up this collection of riotously funny stories of life in Jakarta as seen through the eyes of a foreigner.

Bartele Santema, originally from Friesland, has been in Indonesia since 1990 and is currently manager of BuGils, an Amsterdam-style bar he started in 2000. Bart is also the publisher of the popular Expat Newsletter, a bi-weekly email that combines Indonesia-related news and his own skewed opinions on current events. To subscribe, visit www.bartele.com or send an email to bartele@bugils.com.

You can get your copy from Amazon.com.

Ada apa?

Languages always interested me for they reflect the culture from where they sprang out. I’ve been now more than one year living in Indonesia because of my work, and I actually got a grasp on the language.

Anyway, it never ceases to amaze me the whole simplicity of it. Judge by yourselves:

– Ada apa?
– Tidak ada apa apa.
– Tidak apa apa.

That comes to mean:

– What’s wrong?
– Nothing.
– Ok.

You can see that they can make a full conversation out of “ada”, “apa” and “tidak”.

Another example will be “Tuku buku teko toko buku,” that means nothing else that “I buy a book from the bookstore.”

And, of course, Javanese people are just like their language: simple, beautiful and interesting. Don’t you love it?